Renovales llegó a organizar una brigada de cuatro mil soldados.

Era un hombre extremado en todo; en sus pasiones, en sus juicios, en la suerte y en la desgracia.

A Alcalá Galiano le he oído muchas veces hablar con desprecio de Renovales, porque en una proclama que dió en Cádiz, cuando estuvo allá, dijo estos o los otros absurdos, hizo un dibujo de José Bonaparte, borracho y cayéndose, y se expresó con la rudeza de un hombre del campo.

Juzgar a guerrilleros como Mina, El Empecinado o Renovales como se puede juzgar a un catedrático, no se le ocurre mas que a un dómine de Ateneo tan pedante y tan vanidoso como Galiano.

Renovales llegó a mandar la cuarta división del séptimo ejército e intervino en hechos de armas importantes.

Este hombre, que con nosotros iba a trabajar para destronar a Fernando VII, había tomado parte años antes en una tentativa del marqués de Ayerbe, hecha con el objeto de libertar al mismo Fernando de su destierro de Valencey.

Habían conducido los franceses al marqués de Ayerbe a Pamplona, a fines del año 9, y pensaban llevarle a los pueblos del Alto Aragón, de donde, al parecer, era natural el marqués, para que contribuyese a pacificarlos.

Ayerbe se escapó de Pamplona vestido de calesero, y fué a reunirse con Renovales, que estaba en el Roncal. Le expuso el plan que tenía para sacar al rey de su cautiverio, y Renovales le dijo debía presentarse a la Junta Central de Sevilla a que autorizase el proyecto y diera medios para realizarlo.

Renovales facilitó al marqués el viaje, y Ayerbe se presentó en la capital andaluza. La Junta parece que aceptó el plan, y estando Renovales en Cataluña volvió a reunírsele el marqués, ya con amplios poderes.

El general eligió gente de confianza, y se embarcó con ella y con Ayerbe en un bergantín de guerra español llamado el Palomo. El gobernador francés de Tarragona sospechó algo, mandó dar caza al bergantín, y éste, perseguido por navíos franceses, tuvo que bajar por el Mediterráneo, atravesar el estrecho de Gibraltar y entrar en Cádiz.