Entramos en el mismo coche cerrado en donde habíamos ido y paramos en la plaza de Afligidos.
Ni Aviraneta ni yo pudimos darnos cuenta exacta de dónde habíamos estado aquella noche.
V
LOS TRIÁNGULOS 12 Y 13
Sustituímos nuestro buzón de la calle de Capellanes por un despacho de memorialista de la Corredera Baja, y comenzamos de nuevo las comunicaciones.
Algunos de los afiliados se manifestaban impacientes, como si la cosa fuera sencilla y sin complicaciones.
En verdad, teníamos la gente preparada. Los generales Lacy, O'Donnell, O'Donojú y los oficiales Richart, Manzanares, Bazán y otros muchos estaban dispuestos a echarse al campo cuando llegara el momento oportuno. Necesitaban, naturalmente, hombres y medios económicos.
En esto los triángulos 12 y 13 nos mandaron una comunicación sospechosa. En ella decían que tres sargentos estaban dispuestos a entrar en Palacio y a matar al rey a sablazos en su trono. Añadían que tenían que vernos para comunicarnos detalles.
Discutimos la cuestión Aviraneta, María, Conchita, Arquez y yo, y quedamos de acuerdo en que se trataba de un lazo de algún traidor o traidores que esperaban denunciarnos.