Es posible que Leguía no conociese todos los detalles de la vida de su amigo y maestro en un riguroso orden cronológico; es posible también, y más probable aún que, aunque los conociese, no encontrara en los intervalos, entre narración y narración, nada digno de ser contado.
Las vidas, aun las más aventureras, tienen, naturalmente, días normales y tranquilos, como los ríos, aun los más impetuosos; calman su corriente en las paradas y en los remansos.
Leguía dió a sus narraciones y a los capítulos de éstas títulos un tanto extraños y folletinescos, que yo no he querido cambiar. De los tres relatos que forman este volumen, el primero se titula La culta Europa (Amores, hambre, peste y filosofía); el segundo, Una intriga tenebrosa (Los hombres de la conspiración del Triángulo); y el tercero, La mano cortada (Historia de Tierra Caliente).
Es muy probable que un escritor de hoy hubiera intentado modernizar estos relatos y darles un carácter más en armonía con el gusto de nuestra época. Yo he preferido dejarlos tal como los escribió Leguía.
Leguía, ciertamente, no era un maestro, sino un aficionado; y así como a un caballo de coche «simón» cuando se desboca, la furia senil le hace brioso y difícil de sujetar, así la imaginación del hombre, que no se ve obligado a tenerla, le empuja a desmandarse y a galopar por los campos de la fantasía.
Hecha esta salvedad, cedo la palabra a Leguía para que vaya explicando cómo se agenció los datos y papeles que le sirvieron para escribir el volumen, y desarrolle después sus tres narraciones en orden de batalla.