Aviraneta era partidario de hacer saltar el puente de Logroño; pero Arana creía que quizás la parte reaccionaria del pueblo se exasperaría y les atacaría. Además, no había pólvora sobrante para hacer esto.
El puente tenía dos puertas, y se dispuso defenderlas con barricadas. Se hicieron dos parapetos, mal cimentados y sin gran resistencia, que se fortificaron con cuerdas y alambres.
Todo el mundo tenía la impresión del fracaso, y de que el enemigo entraría en la ciudad.
Algunos ilusos esperaban; dos mil hombres podían hacer algo.
Cierto que escaseaban las municiones, pero aprovechadas bien había posibilidad de detener á los franceses muchos días.
Al saberse la aproximación del enemigo, don Julián Sánchez comenzó á preparar, con los pocos medios que disponía, la defensa de Logroño.
Envió á la fuerza que mandaba Cos-Gayón á que tomara posiciones cerca del Ebro, se apoderara de las barcas, é impidiera el paso de los franceses por los vados.
El brigadier quedó para defender el interior de la ciudad con el batallón de Infantería de línea y los milicianos.
El día 17, las tropas del mariscal de campo, conde de Vittré, de la división del vizconde de Obert, se presentaron en los alrededores de la ciudad.