Los jinetes realistas, que iban al galope, al llegar á tropezar con la cuerda tensa se sintieron lanzados al suelo con una fuerza tremenda.

—¡Fuego!—dijo Aviraneta, y sonó una descarga á quemarropa, y cayeron más de dos docenas de hombres al suelo.

Algunos valientes quisieron avanzar, y, como no veían la cuerda, fueron despedidos con violencia. Aviraneta y los suyos lanzaron una segunda descarga, y una tercera.

El Empecinado había vuelto grupas y se disponía á atacar á los perseguidores.

—No se puede pasar—le dijo Aviraneta.

—¿Por qué?

—Porque hay una cuerda. Cortadla.

La cortaron de un sablazo, y don Juan Martín y sus lanceros atacaron á los realistas y les cogieron cerca de cincuenta caballos.

El éxito de la escaramuza había producido gran entusiasmo.