Plasencia tardó bastante en presentarse en Badajoz, y quedó asombrado de que existiera todavía orden y disciplina en la ciudad extremeña.

Plasencia rogó á Aviraneta y á los demás que siguieran mandando.

La situación de España en Julio de 1823 era malísima, y en Agosto se hizo desesperada.

Don Juan Martín envió una carta á Aviraneta, diciéndole que hablara á todos los jefes y oficiales liberales decididos, para ver si querían intentar un supremo esfuerzo: el de formar una columna de ocho á diez mil hombres, marchar sobre Madrid y atacarlo á la desesperada.

Aviraneta habló á los oficiales de Badajoz, pero ya no era posible reanimar en ellos el entusiasmo: todo el mundo veía la partida perdida. El general Plasencia, desalentado desde que había visto en Despeñaperros desertar á los soldados antes de entrar en fuego, creía que el único ideal era obtener una capitulación decente y esperar mejores tiempos.

Aviraneta escribió á don Juan el resultado de sus gestiones, y unos días más tarde recibió este oficio:

DIVISIÓN DE CASTILLA

ESTADO MAYOR

El Excmo. Sr. Comandante general, que ha salido esta mañana para la Vera de Plasencia, me ha indicado que escriba á usted.

Se recibió su pliego en el que participaba el poco éxito de nuestro plan de atacar Madrid, y al mismo tiempo el desfallecimiento de las tropas constitucionales de esa zona. Nada de esto es extraño, y es necesario un ánimo esforzado para no dejarse rendir por las noticias adversas para nuestras armas que llegan constantemente.