—¿De dónde le conoce usted?
—De que era amigo de Vidal, cuando chico.
—¿No era amigo también de usted?
—Amigo, no; nunca he tenido simpatía por él.
—¿Por qué?
—Porque me parecía malo.
—¿Qué entiende usted por esto?
—Lo que entiende todo el mundo; que tenía malas entrañas y martirizaba al que era más débil que él.
—¿Usted tiene una querida?
—Sí, señor.