—Pero, ¿qué quieres más?—le decía—.¿No tienes ya bastante dinero?
¿Para qué exponerte de nuevo?

—Si no me expongo—replicaba Martín.

Pero no era verdad, tenía ambición, amor al peligro y una confianza ciega en su estrella. La vida sedentaria le irritaba.

Martín y Bautista dejaban solas a las dos mujeres y se iban a España. Al año de casada, Catalina tuvo un hijo, al que llamaron José Miguel, recordando Martín la recomendación del viejo Tellagorri.

CAPÍTULO II

EN EL CUAL SE INICIA LA «DESHECHA»

Con la proclamación de la monarquía en España, comenzó el deshielo en el campo carlista. La batalla de Lácar, perdida de una manera ridícula por el ejército regular en presencia del nuevo rey, dió alientos a los carlistas, pero a pesar del triunfo y del botín la causa del Pretendiente iba de capa caída.

La batalla de Lácar no hizo más que enriquecer el repertorio de las canciones de la guerra con una copla que más que para soldados parecía escrita para el coro de señoras de una zarzuela, y que decía así:

En Lácar, chiquillo,
Te viste en un tris,
Si don Carlos te da con la bota
Como una pelota,
Te envía a París.

Era difícil, al oir esta canción, no pensar en unas cuantas coristas balanceando voluptuosamente las caderas.