—Por esta parte, en una calvera del monte, en donde hay como una plazuela formada por hayas—dijo Martín—deben tener centinelas los carlistas; sino por ahí podemos subir hasta los altos de Peñaplata sin dificultad.
Al acercarse al sitio indicado por Martín, oyeron una voz que cantaba.
Sorprendidos, fueron despacio acortando la distancia.
—No serán las brujas—dijo Martín.
—¿Por qué las brujas?—preguntó Briones.
—¿No sabe usted que estos son los montes de las brujas? Aquel es el monte Aquelarre—contestó Martín.
—¿El Aquelarre? ¿Pero existe?
—Sí.
—¿Y quiere decir algo en vascuence, ese nombre?
—¿Aquelarre?… Sí, quiere decir Prado del macho cabrío.
—¿El macho cabrío será el demonio?