Martín y Capistun, además de mulas y de caballos, habían llevado a diferentes puntos de Guipúzcoa y de Navarra, armas y materias necesarias para la fabricación de pólvora, cartuchos y proyectiles, y hasta llegaron a pasar por la frontera un cañón, de desecho de la guerra franco-prusiana, vendido por el Estado francés.
Los comités carlistas funcionaban a la vista de todo el mundo. Generalmente, Martín y Capistun se entendían con el de Bayona, pero algunas veces tuvieron que relacionarse con el de Pau.
Muchas veces habían dejado en manos de jóvenes carlistas, disfrazados de boyerizos, barricas llenas de armas. Los carlistas montaban las barricas en un carro y se internaban en España.
—Es vino de la Rioja—solían decir en broma, al llegar a los pueblos golpeando los toneles, y el alcalde y el secretario cómplices los dejaban pasar.
También solían cargar en carros, que cubrían de tejas, plomo en lingotes, que había de servir para fundir balas.
La alusión a la guerra próxima se notaba en una porción de indicios y señales. Curas, alcaldes y jaunchos [Nota: Jaunchos-caciques.] se preparaban. Muchas veces, al cruzar un pueblo, se oía una voz aguda como de Carnaval, que gritaba en vasco: ¿Noiz zuazté? (¿Cuándo os vais?) Lo que quería decir: ¿Cuándo os echáis al campo?
Se cantaba también en Guipúzcoa una canción en vascuence, que aludía a la guerra y que se llamaba Gu guerá (Nosotros somos). Era así:
UNA VOZ
Bigarren chandan aditutzendet ate joca dan dan. Ale onduan norbait dago ta galdezazu nor dan.
(Por segunda vez oigo que están llamando a la puerta, dan, dan. Junto a la puerta hay alguno. Pregunta quién es.)