Marmouset no respondió a esta observación y permaneció pensativo algunos instantes.
Después, levantando de pronto la cabeza, añadió:
—Tal vez, amiga mía, el capitán ha partido de Londres, pero de cualquier modo que sea, nosotros somos bien culpables.
—¿Culpables?... exclamó Vanda asombrada.
—Sí, porque hemos olvidado una cosa importante.
—¿Cuál?
—Hemos faltado a las prescripciones de Rocambole. ¿No recordáis sus últimas palabras? En el momento de poner fuego al barril de pólvora nos dijo:—Es necesario preverlo todo. Es posible que yo sucumba..... y que nos hallemos para siempre separados..... En ese caso, vosotros continuaréis mi obra.
—Sí, repuso Vanda, el capitán nos dijo eso en efecto, y nos encargó, que si perecía en la empresa, fuésemos a Rothnite, al otro lado del túnel, y que buscásemos allí a una pobre vieja conocida con el nombre de Betzy-Justice.
—Justamente. Y bien, hasta ahora, nada de eso hemos hecho.
—Porque esperábamos, y porque esperamos aún que el capitán no ha muerto.