—Pero en fin, preguntó Marmouset, ¿cuál era su plan?
—Voy a decíroslo, respondió el jefe fenian. Por nuestras órdenes, se habían colocado seis barriles de pólvora.
—Bien.
—Tres en los subterráneos, y los otros tres contra los muros mismos de la prisión.
—¿Y después?
—Como habéis visto, pusieron fuego a los de los subterráneos, que estaban destinados a derribar una parte de las casas de Old-Bailey.
—¿Con qué objeto?
—Con el de producir tal confusión y desorden que, haciendo volar de seguida los muros exteriores de Newgate, nos hubiera sido fácil sacar de allí al Hombre gris.—Uno solo de los barriles ha saltado.
—¿Y los que estaban junto al muro de la cárcel?
—Cuando hemos sabido que estabais con el Hombre gris en los subterráneos, nos hemos apresurado a arrancarles la mecha.