A un dependiente del establecimiento de Celedonio Gómez le dijo Ivonet las siguientes palabras:
"Dile á Pablo Correoso, que lo estoy buscando para darle machete. Hoy ha sido La Maya; pronto les tocará á Songo y El Cristo".
Cuando más contentos estaban los alzados, llegó un confidente, no se sabe de dónde, y manifestó á Ivonet que una columna de Infantería, al mando del comandante Sanguily, avanzaba á marchas forzadas sobre La Maya, y que sus exploradores estaban ya muy cerca del poblado.
No esperó el cabecilla á que le repitieran el aviso y dando gritos de "¡Pronto, muchachos, que viene la infantería!", abandonó el horrible teatro de su "hazaña", seguido de sus ochocientos partidarios, que se retiraron en pos de su jefe con dirección á La Prueba.
Hoy han llegado á Santiago de Cuba multitud de familias, víctimas de La Maya. El aspecto de los desgraciados fugitivos inspira lástima, y hace nacer en el corazón vehementes deseos de venganza....
XV
NUESTROS BRAVOS SOLDADITOS
Dejemos á los alzados en sus montañas, y á los americanos en sus acorazados, y sus guarniciones, y dediquemos algunas frases de admiración y cariño á nuestros heroicos soldados, que bien lo merecen.
Hablemos, en otras palabras, de algo que á todos por igual nos interesa y nos atañe; de algo que debemos anteponer á nuestras ambiciones personales y á nuestras opiniones políticas: hablemos, para glorificarlo, del inimitable ejército cubano, sangre de nuestra sangre, orgullo de la patria y sostén y garantía de nuestras instituciones.
Los que aquí, en la soberbia capital, solo conocen de las operaciones militares los partes y relatos que publica la prensa periódica; los que solo han visto á nuestras tropas en las maniobras y ejercicios de Columbia y en las paradas y revistas del Malecón, no pueden tener una idea de todo lo que representa, de todo lo que significa y de todo lo que vale nuestro admirable ejército.
Esos oficiales tan inteligentes, tan correctos, tan irreprochables, y esos soldados tan alegres, tan ordenados, tan pulcros, que estábamos acostumbrados á ver en los restaurants, en los cafés, en los teatros y en los paseos de nuestra bella ciudad capitalina, marchan hoy, resueltos, animosos, decididos, indomables, por las abruptas montañas del Oriente, recorriendo distancias enormes, atravesando valles y cañadas, salvando espantosos precipicios; y siempre firmes, siempre ardorosos, siempre entusiastas, insensibles á la fatiga, inconmovibles ante el peligro, solo tienen una ambición: vencer, y un solo pensamiento: mostrarse dignos de la confianza en ellos depositada.