Afortunadamente, como tendremos ocasión de demostrar, el mérito de los soldados cubanos en esta campaña no se basa en los triunfos militares, á causa de la misma despreciable condición del enemigo. Y por otra parte, ¿quién nos dice que la poca acometividad de los alzados no obedeciera á que desde los primeros momentos se dieron cuenta de que tenían que habérselas con un contrario formidable?
Hay que confesar que los negros de Oriente, los mismos que al alborear nuestra gloriosa guerra de Independencia, se lanzaban sin armas ni pertrechos contra los valerosos soldados españoles, para arrancarles á viva fuerza los fusiles de que carecían, no han mostrado ahora el valor heroico, desesperado, salvaje, si se quiere, que hizo de ellos en aquella época un objeto de admiración y de terror.
Es innegable que los 10.000 soldados regulares de la República, que con facilidad pasmosa aplastaron la rebelión, tenían sobre los españoles la ventaja (la única ventaja) de ser naturales del país, y poder, por lo mismo, soportar mejor las inclemencias de la campaña; pero esto no justifica la falta de empuje, total, absoluta de los rebeldes. Ni una sola vez se atrevieron á cargar al machete; ni en una ocasión tan siquiera hicieron frente á las tropas leales, ni tuvieron valor para levantar un rail, ni llevaron su osadía hasta el extremo de detener un tren de viajeros. Todos sus rasgos de audacia quedaron limitados al saqueo é incendio parcial de La Maya, que realizaron gracias á la cooperación de algunos negros habitantes del lugar y aprovechando la ausencia del destacamento de rurales que lo guarnecía, y á la destrucción de lugarejos indefensos y estaciones aisladas y desprovistas de toda protección.
Esta cobardía, (no encontramos palabra más adecuada para expresar la timidez de los soldados estenocistas) ha sido objeto de muchos y muy encontrados comentarios y ha dado origen á inacabables controversias. Atribúyenla algunos á las eficaces combinaciones militares del General Monteagudo y á la pericia y el valor de sus oficiales y soldados. Los que así opinan, afirman que los cabecillas de la rebelión fueron derrotados con sus propias armas, merced á la táctica mambisa que emplearon las tropas. Otros, en su inútil afán de restarle importancia y gravedad al alzamiento, despojándolo de su carácter racista, aseguran que los rebeldes no hacían armas contra el ejército leal, porque les repugnaba derramar sangre de hermanos. Y por último, los más radicales, los más escépticos (y según ellos los más lógicos) afirman categóricamente que lo sucedido no les ha causado mayor sorpresa, por ser cosa demostrada que el negro, capaz de acometer las más heroicas empresas cuando se siente dirigido y amparado por el blanco, se convierte en el ser más inofensivo de la creación al encontrarse solo y sin más guía que su propia iniciativa.
Los que tal dicen traen á colación y en apoyo de sus teorías, las famosas exploraciones de Livingston y Stanley al "Africa Tenebrosa".
En aquellos peligrosos viajes á través de inmensos territorios desconocidos, los intrépidos exploradores, á fuerza de dádivas y halagos, lograron la amistad de algunos indígenas, tan salvajes, tan cobardes y tan abyectos como los demás, y que sin embargo, no bien se vieron junto al hombre blanco, convirtiéronse en verdaderos héroes y llegaron á inspirar invencible terror á los tribeños, á los cuales vencieron con facilidad pasmosa, no obstante conservar sus primitivos armamentos.
Los autores de este libro, modestos periodistas que no abrigan al publicar esta obra otro pensamiento ni persiguen otra finalidad que reseñar fielmente lo que vieron durante su permanencia en las montañas Orientales, no son los llamados á pronunciar la última palabra en cuestión de tanta trascendencia como la que sirve de tema á este capítulo.
Nosotros nos limitamos á consignar que los negros rebeldes de Ivonet y Estenoz no desplegaron ninguna de las legendarias dotes de energía y audacia que caracterizaron en otros tiempos á los montañeses orientales.
Por lo que hace á las causas que hayan podido motivar esta carencia absoluta del legendario valor, ya hemos dicho que nos son desconocidas, y no tenemos el menor interés en averiguarlas.