La otra inscripción, núm. 18, es del sepulcro de Mohamad II, según explica el texto, habiendo sido borrado la mitad ó el reverso, que contenía la biografía, en prosa, de dicho monarca, según la publicó Mármol[148]. Es poco interesante, y por eso no la damos traducida á continuación. Otra inscripción que existía, alusiva á un guerrero muerto en la batalla de la Higueruela, no la hemos visto nunca.
El 19 es una pila ó taza de fuente, de hermosas proporciones, procedente del jardín de los Adarves, y que se sacó de la casa que estaba cerca de la iglesia actual, según un título posesorio del legajo 127, por el que se mandaba entregar la fuente rota de la orilla de la alberca para que no se acabara de romper, etc...
El 20 es un pedazo de piedra antiguo con inscripciones karmáticas usadas en los primeros tiempos del kalifato de Córdoba. Hemos visto ejemplares de escritura nesky en otros pedazos, sobre piedras de esta misma clase. Pueden verse en el Museo de la Comisión de Monumentos.
Desde el 25 al 30 se halla una pequeña colección de capiteles, de diferentes sitios y construcciones. Entre ellos, hay uno exactamente igual á los que hemos visto dibujados del sepulcro de un sultán de Ghazna, anterior al siglo XII. Este hallazgo es un testimonio claro de que las modificaciones del arte árabe en España tenían un origen más oriental que latino, y que más bien prefirieron las tradiciones primitivas, que la imitación del arte cristiano. Otro capitel, núm. 25, es más genuínamente bizantino y bordado por el cincel mahometano, de cuyo género eran los de la mezquita grande que había donde hoy se halla el Sagrario, según hemos visto uno que tenía 85 centímetros de alto.
Vénse también dos capiteles que pertenecían á la decoración de la puerta de los Siete Suelos, los cuales, en unión de varios pedazos de mármol blanco correspondientes á las enjutas del arco, los hemos visto desprenderse de su sitio.
Desde el núm. 31 al 37 hay diferentes fragmentos de madera, árabes y del renacimiento; como los kanes que se hundieron en el alero del patio del Estanque, las pilastras del tiempo del Emperador que se hallaban en el patio de la Reja, y los pedazos que se desprenden de las ensambladuras y almokarbes.
Con el núm. 38 existe un arca de hierro hecha por los arabes con toda la inteligencia que puede exigirse en una obra de este género. Había otra igual que desapareció, según se dice, cuando entregaron el Archivo á la Administración de Hacienda pública, en 1870.
Núm. 39: un vaso de arcilla vidriada y de más de un metro de altura, que debía colocarse en las habitaciones donde no había fuentes, y formar con otros una elegante decoración. Su forma es parecida á la egipcia de la dominación griega, y se aleja de la de los japoneses en la esbeltez del cuello, no así en la disposición de las asas ó brazos, que se acerca á la de los persas antiguos. Su magnitud lo hace de difícil fabricación, y aunque éste está defectuoso, nos da una completa idea del adelanto de la industria más difícil que siempre se ha conocido. Los hacían de relieves ó arabescos realzados que rara vez pintaban, pero los de barniz y lisos los endurecían de una sola cochura, originando dificultades de fabricación que les dan más mérito que á los de porcelana. En 1804 existía otro en este palacio que fué copiado para la Real Academia de San Fernando.
No dudamos que éste fué construído en Granada, porque sus materiales son conocidos en el país y de una fábrica que había en el Campo del Príncipe, donde todavía al abrir cimientos se hallan pedazos ó tiestos vidriados con iguales adornos, de los que tenemos ejemplares. No era Granadino el otro vaso que adquirió Don Mariano Fortuny, procedente de la iglesia del Salar, con inscripciones cúficas, el cual debió ser fabricado á juzgar por su arcilla, en la antigua ciudad de Málaga, donde se hacían como en Valencia y otros puntos, hermosos reflejos metálicos.
Y volviendo al que tenemos á la vista, se ven en él diseñados animales ó especie de jirafas semejantes á las que nos describió Makrizi y recientemente Mr. Bonan en su viaje á Persia, cuya tradición conservaron en Andalucía, según Ebn Jaldum. Su manufactura no tiene semejanza á la de la loza mallorquina, ni á la de Córdoba y Sevilla, ocupando un género especial que lo distingue de aquéllas, y que da á sus reflejos un aspecto diferente del conocido como tal en todas partes.