Sobre las figuras de la bóveda del centro[121], ¿qué hay en ellas que nos indique si son retratos de los reyes que se habían sucedido en Granada por aquel tiempo? Ningún distintivo tienen: ni en el turbante por la riqueza de pedrería en forma de escarapelas, ni en los anillos de oro ciñendo la frente, ni en los cinturones guarnecidos de colores y dorados, ni en las ajorcas á la mitad de los brazos, ni en las empuñaduras de las espadas se indica que los personajes debieran distinguirse como fué uso y costumbre entre los sultanes de la Arabia y de la Persia; por el contrario, en el Oriente los árabes en Consejo se han colocado siempre en el orden que están aquí; mientras que á los reyes rara vez se retrataban por respeto á sus personas. En cambio estaba admitido el pintar retratos de poetas, adivinos, recitadores, charlatanes y otros tipos que abundaban en las cortes de los kalifas, los cuales tenían siempre divertidos á los reyes con sus gracias, como se cuenta de los kalifas Ben-Ahkam, Illah, Moavia, Abdul-Melic, y de los que les sucedieron, lejanos ascendientes de los reyes de Granada.

Pinturas de la Sala de Justicia.

En el siglo XIV, en cuya época debieron hacerse estas pinturas, el arte se había perfeccionado más en Italia que lo que aquí se demuestra. Adriano de Edesia pintó en Milán sobre las paredes que doraban ó cubrían de azul, figuras alegóricas de los tiempos paganos, en las cuales había desaparecido ya ese perfilado negro con que están dibujadas las de los más antiguos tiempos, como lo indican las iglesias de la Cava, de Casuaria y Subiaco, para imitar exclusivamente los mosáicos de los bizantinos, donde campeaban los colores vivos, dispuestos en forma de escaques, de fajas ó rosetones, cuya disposición fué todavía más extraña que la de las pinturas de la Alhambra; y en el siglo X y siguientes se pintaban en algunos claustros de los conventos, cacerías centauros y arabescos profanos, según decía el Santo de Claraval, que declamaba contra esta costumbre, la misma que se observó en los monasterios góticos de España; todo lo cual nos induce á creer que podía haber en el territorio dominado por los árabes pintores que conservaran esta tradición.

Existiendo, pues, la pintura como arte decorativo antes de Cimabúe, y habiendo éste aprendido de los griegos, como bien claro se ve, sus antecesores del siglo XIII fueron enteramente reproductores de tipos y escenas orientales, aunque las aplicaran á los monasterios; pero de entre ellas, las de la Alhambra derivaban propiamente de este origen, hechas por árabes ó bizantinos, que viajaban entonces en las principales ciudades de Europa, y que en Granada existían, sin duda, como buenos musulmanes; los cuales á principios del siglo XV no pintaban tan bien como los italianos de los tiempos de Giotto y de Stéfani, en cuyas obras se revela un arte que tiende al Renacimiento; mientras que en éstas, hechas anteriormente, se expresa un sistema de pintar hierático con arreglo al trazado de Teófilo; y más cuando ya se sabía el modo de disolver los colores con linaza, cuyo medio no se revela en ninguno de estos ejemplares. Las pinturas que aquí vemos no están hechas por estos procedimientos, sino que son de cola ó huevo, barnizadas después con linaza como las que se usan todavía en las iglesias rusas; por consiguiente, en el tiempo de Tomás Guido y de Pablo Uccello, en que se buscaron las reglas de la perspectiva y de los escorzos, hácia 1415, que es la mayor antigüedad que se puede dar á esos pergaminos, la pintura había adelantado ya en Italia y en Francia para que se atribuyan á cristianos estas obras, que no pueden compararse más que á las de los tiempos de Masaccio, en los cuales principió á formarse el reino de Granada y en cuya época el Patio de los Leones no había sido siquiera imaginado.

Los pintores españoles que cita Cean Bermúdez, y cuyas obras pueden verse todavía, no ofrecen tampoco semejanza con éstas; además del estilo, que es distinto en su mayor parte, los adornos y las pinturas de la vieja época que existen en Toledo, en Córdoba, etc., son del año 1418 y muy conocidas, como las de Juan Alfón en la capilla de los Reyes Viejos de aquella catedral, de estilo religioso y procedimiento muy diferente; y las de Rizzi, Borgoña y del estofador Diego Copín, tampoco ofrecen semejanza, antes por el contrario, parecen y son obras de otro espíritu que tenía su tradición conforme á principios de cultura más moral y mística, y menos dominado por las influencias orientalescas que perturbaban las ideas de los convertidos españoles, en aquellos tiempos de dominaciones sucesivas.

Almonacid, un moro convertido del año 1460, estofaba y pintaba el retablo gótico de la catedral de Toledo en compañía de aragoneses y lemosinos, mezclándose de este modo el arte de los pintores de origen enteramente morisco con el de las escuelas que procedían de Francia y que ya se conocían en Galicia, León y Cataluña; notándose que no eran poco diestros en el pintar los mahometanos que en Córdoba trabajaron algunas capillas mudéjares.

En la restauración que hemos hecho el año 1871 con el objeto de asegurarlas y evitar que se cayeran á pedazos, por consecuencia de las filtraciones de las lluvias, hemos visto que están hechas de madera de la clase que vulgarmente se llama de peralejo[122], en tablas de siete centímetros de grueso, sin cortar en cerchas ni casquetes regulares, sino labradas á trozos de diversos tamaños para ir formando el elipsoide, cuya

Detalles de las pinturas de la Sala de Justicia.