«Pablo te entregará una cajita; en ella va un pañuelo; he bordado el monograma en los ratos desocupados. Dice papá que está muy bonito; le ha gustado mucho, y creo que a tí te parecerá lo mismo.

«Cuida mucho de tus tías, principalmente de doña Carmelita; mira que le gusta mucho que la mimen. ¿La ves así, que es tan seca y adusta? Pues sin cariño no puede vivir.

«Vivo por tí y... sólo para tí, tu

Linilla».


XLV

Estuvo escribiendo hasta después de media noche. A esa hora salí al patio y corté los ramos más lindos de «myosotis» para meterlos en mi carta y que llegaran a manos de Angelina.

«Ahí van—escribí—esas flores de color de cielo, tan amadas de mi Linilla. Son las primeras que brotaron en el cuadro que tú sembraste. Está lindísimo; parece llovido de chispas de zafiro. Me encanto mirándole y pensando en tí.

«Linilla mía: me has ganado la apuesta. Tus plantas han florecido antes que las mías; pero eso no es porque tú me quieras tanto como yo te quiero a tí. Las mías no dan ni esperanzas, pero ya florecerán, y se pondrán más hermosas que las tuyas, lo cual será prueba de que yo te amaré toda mi vida.

«He tenido un gran disgusto en estos últimos días; un disgusto que me ha causado gran pena. Bien vista la cosa no era para tanto, y acaso he pasado días muy amargos sin que hubiese motivo para ello. El día que nos veamos te contaré todo. ¿A qué perder el tiempo en referir cosas desagradables? No te pongas a cavilar en esto. Chismes villaverdinos... ¡y nada más!