—No, hijito;—decía,—nosotras hemos sido contigo lo que debíamos ser: hemos hecho las veces de madre. Has que quieras; estás en tu casa; eres como el jefe de la familia. Aquí estamos para servirte y obedecerte. Pero qué, ¿vas a salir con ese traje?—agregó viendo el mío empolvado y sin aliño.—No, vístete otro mejor. Andrés trajo ya el baúl... Vístete; sal a pasear, a que te vean....

Y al oírme decir que deseaba yo ir a vagar por los ejidos de Villaverde y por las márgenes del Pedregoso:

—Pero, dime: ¿estás loco? No: eso será otro día. Ahora, ponte elegante, y sal a visitar a los viejos amigos. Ni un día ha pasado sin que pregunten por tí. Visita a don Román, tu maestro; al doctor Sarmiento, que es tan bueno con nosotras; a don Basilio, que te quiere tanto; al señor Fernández.... No; a ese no, porque no te conoce. Es el dueño de la hacienda de Santa Clara. ¡Muy buena persona! Ya irás con Pepa. Ya verás: tiene una hija como una plata. Aquí no le faltan pretendientes.... Ya la conocerás.... ¿Almorzaste bien? Pues anda, vístete, y sal a pasear.

Hubo que obedecerla. No venía muy provisto el baúl; no había en él mucho con que engalanarme; pero en dos por tres, con ayuda de tía Pepa y de Angelina, saqué la ropa, y pronto me presenté delante de la enferma hecho un veinticuatro.

—¡Eso es, así, como persona decente!—dijo: Tía Pepa Y Angelina me seguían. Una me veía de arriba abajo con aires de satisfacción maternal. La doncella, desde la puerta del corredor, donde los pajarillos cantaban alegremente, me miraba con interés. Cuando yo volvía el rostro, ella fingía componer una planta que lucía en el pretil hermosos ramilletes de encendida, flores.

Ya en la puerta me gritó tía Pepa:

—¿A qué hora vuelves? Te esperamos a comer.

Al fin de la calle me ocurrió regresar para ir a la casa del dómine. Angelina estaba en la ventana. Sin duda había salido a verme.

Al pasar la saludé. Díjele algo que la hizo sonreír.

¿Qué había en el rostro de la doncella que me trajo a la memoria la angelical figura de Matilde, la dulce niña de mi primer amor?