La guerra de los cinco años fué desastrosa hasta un punto apenas imaginable. El número de contendientes, la fiereza y duracion de la lucha y la circunstancia de haberse esta corrido por casi todo el territorio del Sur fueron causa de que las pérdidas experimentadas por aquel mismo país en que la abolicion habia de producir sus mayores efectos, alcanzaran una importancia insuperable. Los campos talados, las haciendas destruidas, los edificios arrasados, las grandes masas de trabajadores dispersas, los capitales disipados, las grandes obras públicas, como los diques del Missisipí que habian costado sobre 10 millones de dollars, abandonados, dejando libre el paso á los grandes derramamientos de aquel inmenso rio; tales fueron las inmediatas consecuencias de la guerra, aparte de las pérdidas que en el cuerpo social produjo.

Un publicista francés (M. Paul Leroy Beaulieu) ha calculado sobre datos oficiales que en la guerra americana de separacion murieron en el campo de batalla ó de resultas de las heridas ó de las enfermedades del Norte, 281.000 hombres; del Sur, 519.000. Solo en Crimea las cifras se aproximaron á estas. El mismo escritor afirma que las pérdidas financieras producto de aquella misma guerra, subieron en el Norte á 23.500 millones de francos (más de 4.500 de pesos) y en el Sur, á 11.500 (cerca de 2.200 millones de dollars)[26].

El tourista inglés Mr. Robert Sommers, que en 1870 hizo un viaje por los Estados del Sur, y que luego publicó su detallado libro The Southern States since the War, se estremece hablando de los efectos de la guerra. La pérdida en dinero, resultado de la abolicion, vino á ser de 400 millones de libras (sobre 2.000 de pesos); el capital de los Bancos, valuado en otros 200 millones de la misma moneda, fué absorbido por la carencia de transacciones provechosas, y quedó despues representado por un resíduo de papel-moneda desnudo de todo valor. Todo el capital de seguros del Sur, que venia á ser otros 100 millones de libras, pereció tambien. Las hermosas plantaciones de algodon, de caña de azúcar, de tabaco, las filaturas, las fábricas, las minas de carbon y de hierro, los establecimientos industriales y comerciales, obra de capitales privados, cuyo valor en millones de libras esterlinas era inestimable, todo se hundió, todo zozobró en el mismo naufragio. «Las diversas formas de valores hipotecarios, á excepcion de dos ó tres fondos del Estado, compartieron por el momento la suerte del capital principal, y aparecian en 1870 en la superficie de este diluvio como los troncos de los árboles en un bosque sumergido»[27].

Un alto funcionario de Hacienda de la República norte-americana, Mr. Wells, estima en 2.700 millones de pesos los gastos y pérdidas directas del Sur en la guerra. «En 1865, dice, esta seccion de nuestro país, que en 1860 representaba cerca de un tercio de la poblacion total, y sin comprender el valor de los esclavos, las dos séptimas partes próximamente del conjunto de la riqueza de la nacion, se encontraba arruinada por completo, resultado de los cuatro años de guerra civil, sin industria, sin máquinas, sin dinero, sin crédito, sin cosechas, privada de gobierno local y en gran parte de todo privilegio político: con la flor de su juventud en los hospitales ó muerta en los campos de batalla; con una sociedad desorganizada y el hambre presente ó inminente.»

A esto hubo que añadir otro accidente terrible. Prescindiendo de las inundaciones del Missisipí, seguras desde el instante en que, como he dicho, fueron abandonados los diques, sucedió que la cosecha de cereales y de algodon se perdió completamente en los dos años de 1866 y 67, en los momentos en que todavía los negros vagaban por los campos ó eran perseguidos por sus antiguos amos, con lo que la situacion económica del país tomó un aspecto verdaderamente sombrío y amenazador.

Pero sobre todo, se hallaban las dificultades políticas de la reconstruccion y de la igualacion de derechos de blancos y negros.

Bien sabido es, que despues de 1865, la política del Norte fué solicitada en dos poderosos sentidos, cuya representacion genuina eran el Congreso y el presidente Johnson, dando orígen á uno de los conflictos más graves por que ha pasado la ilustre República americana.

Mr. Johnson, que habia subido de la vicepresidencia á la presidencia de la República por la muerte de Lincoln, pretendia que los Estados rebeldes no habian estado nunca, constitucionalmente hablando, fuera de la Union, y que por tanto si durante la guerra se podia haberlos sometido á la ley militar, una vez terminada la lucha y juzgados los insurrectos, volvia á regir en aquellos paises la Constitucion en cuyo nombre y por cuya integridad habian peleado los federales. De este modo Mr. Johnson, con el apoyo de los demócratas, abogaba por la restauracion, oponiéndose á todo lo que fuera invadir las atribuciones de las legislaturas locales y las leyes de los Estados.

Por el contrario, el Congreso y con él todos los republicanos, sostenian que los rebeldes se habian puesto completamente fuera de la Constitucion, que sobre los artículos de esta se hallaba el principio de la unidad federal, que los Estados despues de la lucha no tenian otro carácter que el de territorios conquistados, y que por tanto no se los debia admitir en condiciones que hicieran estériles los sacrificios de la guerra, restableciendo la oligarquía y la esclavitud, recompensando á los separatistas de los cinco años, pagando la deuda confederada, y disponiéndose con calma y voluntad decidida, á tomar la revancha, quebrantando la Union en el momento favorable.

En esto choque de opiniones, el Congreso triunfó, si bien la resistencia de Mr. Andrew Johnson fué tal que llegó á dar márgen á que la Cámara popular formulase contra él tres acusaciones, reuniéndose el Senado para juzgarle; de cuyos ataques salió ileso, punto ménos que por casualidad; gracias tal vez á la eleccion de Mr. Grant para sustituirle en la presidencia, en 1869.