El inevitable efecto de la esclavitud es concentrar la riqueza en manos de unos pocos, mientras el efecto de la libertad es completamente el opuesto—difundir la riqueza entre las masas. La esclavitud rebaja el trabajo á la categoría de una mera regla. Mientras la libertad lo ennoblece y hace de él un conveniente asociado de la cultura moral intelectual..., etc.»[45]


Hora es ya de resumir, despues de haber dejado hablar á autoridades competentes, por lo conocedoras de la cuestion, por el estudio especialísimo que de ella han hecho, así como por su desinterés ó imparcialidad—generalmente hablando.

Visto está que la abolicion encontró el terreno fatalmente preparado, no solo por las pasiones políticas, si que por los estragos de una de las más colosales guerras de la Edad moderna.

Visto está que en su desarrollo tropezó constantemente con las dificultades extraordinarias que le suscitaba y oponia la cuestion política de la reconstruccion del Sur.

Visto está que decretada la abolicion en 1865, en todos los Estados, aún no ha trascurrido el segundo período de espera y reparacion que exigen todas las reformas, para que sus efectos puedan ser debidamente apreciados en la época de calma y de equilibrio que nunca amanece hasta el año décimo.

Y, sin embargo, sólo son hechos ciertos, positivos, incontestables:

Que la produccion del algodon, en cifra, cuando ménos, es ya igual á la de los buenos años de la esclavitud.

Que el tabaco se repone rápidamente y que si las cifras relativas al azúcar no son al parecer tan consoladoras, débese á circunstancias excepcionales,—prescindiendo de que son muchos los que aseguran que hoy se produce más, habiendo en cuenta que los terrenos ahora dedicados á la caña son ménos que los dedicados á la misma hace seis años.

Que la masa de obreros es menor que en 1860, los capitales menores y menor la extension de las fincas dedicadas á la produccion de la caña y del tabaco en particular.