Palacio de Manufacturas
La sección española de Manufacturas
El palacio de Manufacturas es para mí el edificio más notable de esta Exposición; cubre una superficie inmensa, tiene proporciones de una belleza espléndida, luces en sus arcos no sobrepujadas hasta ahora, disposición arquitectónica bien sentida y equilibrada en el conjunto y los detalles; y la nave principal, cubierta de cristales, llena de aire y luz, inmensa, tan inmensa que achicaría los monumentos más altos y notables del mundo al cobijarlos, por exigencias quizá de administración, por necesidades que no sintió el ingeniero y el arquitecto al proyectarla, queda desfigurada por una galería que la circuye, corta los puntos de vista en los ejes de las puertas y arroja sombra en vastas superficies de la planta, con menoscabo de las instalaciones que ocupan las galerías, por el pie forzado de que naciones más avisadas ó expositores más diligentes han ocupado ya los sitios descubiertos y vistosos.
A España, por haber vacilado tanto tiempo en aceptar la invitación del Certamen, la ha tocado en suerte un buen pedazo de sitio cubierto, sitio lleno de sombra y triste que nadie acierta á comprender como teniendo el autor del proyecto ideas tan grandiosas en su cerebro, pudo concebir el pensamiento tan mezquino de una galería de diez y nueve pies de altura, formada de pies derechos y tablones de canto, con cuchillos de arcos escarzanos que acaban de achicarla, resultando un contraste tan grande entre esta fealdad y la belleza del edificio, que cuesta trabajo creer que ambas cosas sean fruto del mismo autor, y que aun siendo aquella impuesta, la haya consentido y realizado.
España no forma, pues, en la nave central, en el gran espacio cubierto de Manufacturas que extasía y enamora; España está en un sitio modesto, espacioso, demasiado quizá, formado por cuatro patios, uno grande, dos medianos y otro chico, interrumpidos por las galerías y una serie de obstáculos que, poniendo en pugna las necesidades de una buena instalación con las condiciones del local, nuestra sección de Manufacturas resulta algo así como puesto de feria replanteado sin atender á las necesidades del estudio y de una ordenada clasificación; y como tenemos de muchas cosas un poco, este poco agranda el defecto que sólo en algún patio queda oscurecido por las grandes instalaciones de los fabricantes de Cataluña y la belleza de los productos presentados. Porque no olviden los que lean estos renglones que, siendo escasa la concurrencia de Cataluña para llenar los 23.000 pies cuadrados de terreno que alcanzó el señor Dupuy de Lome, con perseverante tenacidad, de la dirección del Certamen, la del resto de España es tan menguada, que sin el esfuerzo de esas provincias, la sección de Manufacturas habría sido un fracaso tan manifiesto que, en mi concepto, deberíamos haber abandonado el local para no llenar de ridículo la consideración de España ante el mundo entero.
Cuando llegué á Chicago, á fin de marzo, el señor Dupuy de Lome no tenía noticia del espacio que necesitaban los expositores españoles de esta sección, ni sabía yo tampoco las condiciones del local en que debía trabajar y de buen número de los objetos que había de exponer. Pero como la Dirección del Certamen exigía la cifra exacta de los pies cuadrados de superficie que á juicio de la Delegación debían ocupar las secciones españolas, la petición se hizo sin datos suficientes para poner en relación el espacio pedido con los productos que debíamos exponer, corriendo así el peligro de que si pedíamos poco espacio, resultara la sección deslucida por defecto, y si pedíamos demasiado, lo quedara también por exceso. Al obrar, pues, sin conocimiento de causa, sólo por casualidad podíamos salir airosos, y como el azar favorece pocas veces á los que fían demasiado en las veleidades de la fortuna, al tener mucho espacio y poca cosa relativamente que instalar, he debido buscar toda clase de recursos para mitigar algún tanto el efecto que produce la Sección que, según acabo de indicar, resulta deficiente en la cantidad y la calidad de productos expuestos.
Los que se dedican al servicio de Exposiciones saben que una buena instalación, entendiendo por tal la que clasifica, califica y sabe sacar partido de los productos que ha de exponer, ha de meditarse y dibujarse en el plano del local, replanteándola luego y modificando sólo aquellas cosas que la vista del objeto expuesto indique claramente el error padecido. Proceder de otra manera es consentir que una Exposición se convierta en feria, que puede hablar á los sentidos y aun al espíritu del que sabe sintetizar; pero, poco ó nada al que se distrae fácilmente y saca sólo partido del análisis, teniendo á mano los objetos que ha de comparar, y á la vista, los juicios que ha de resumir. Y si á todo esto, por causas diversas se suma la multiplicidad de objetos y la escasa cantidad de los que podían agruparse, ni aun buscando afinidades más ó menos racionales, se comprenderá lo difícil de conseguirse, en la Sección que estudio, la ordenada clasificación de objetos, en lucha con cuantos han intervenido en la construcción del fac-simil de la mezquita de Córdoba que formó la ornamentación del local, albañiles, carpinteros, yeseros y pintores, que han invadido el local hasta el día 6 de junio, en que se derribó el último andamio, para poblar de arcos y columnas que se cuentan por centenares, las superficies ya cubiertas por las galerías bajas del palacio de Manufacturas.