Agradecí como pude tan sentidas frases, que recojo y transmito con exacta fidelidad, como debió ser fiel también mi pensamiento al manifestar á la Infanta Eulalia que Cataluña y Barcelona agradecerían vivamente la felicitación de S. M. y la suya, como yo estimaba la alta honra que me dispensaba al hacerme mensajero de tan gratas y sentidas manifestaciones.
Hoy, á las ocho de la mañana, dos escuadrones de caballería estaban ya apostados junto al Palmer House, esperando la salida de los Infantes; á las ocho y media entraban en el Michigan Depôt, dando la Infanta el brazo al Mayor de la ciudad, Mr. Harrison, toda la comitiva real y la Delegación española con las señoras de la colonia, que han ofrecido por última vez sus respetos á los ilustres viajeros. A los pocos minutos partió el tren, oyéndose un ¡Viva la Infanta Eulalia! que fué cordialmente contestado.
La estancia de los representantes de la Reina de España no podía ser larga si había de evitarse que cediera por cansancio el entusiasmo que han despertado en los Estados Unidos, las nobles cualidades de la Infanta Eulalia, que ha cuidado de los prestigios del trono, los intereses patrios y las susceptibilidades de las democracias con un tacto exquisito propio de la augusta dama á la cual se ha confiado una misión delicadísima, cuyas dificultades comprenderán fácilmente cuantos conozcan la idiosincracia de un pueblo que juzga que todas las americanas son reinas, y los hombres libres y soberanos en el seno de una sociedad que, apenas nacida, se cree superior á cuanto ha existido en el mundo, cantando cada día sus glorias y sus triunfos con un desenfado y un tono épico que enamoran.
Los Infantes no han abusado de la hospitalidad cordialmente otorgada por este pueblo y del entusiasmo legítimamente conseguido, y esta mañana á las ocho y media Chicago los ha despedido con pompa y afecto, envanecido del pleito homenaje rendido por la realeza á la democracia americana, y del éxito que ha coronado las fiestas dedicadas á Colón y á sus ilustres descendientes.
Convento de la Rábida