Pero aquí todo reviste formas tan extrañas, que no hay extravagancia que no sea acogida con simpatía, capricho que no pueda realizarse, ni exceso que no pueda consentirse. Figúrense mis lectores, á un jefe de Estado á quien se le subleva una ciudad, Roanoke-Virginia, en donde una turba de 3,000 hombres lincha al negro Smith, lo cuelga de un árbol, forma una pira en la plaza y lo quema; y no contenta con tanto desmán, persigue al alcalde y al jefe de las tropas para lincharlos también, y mientras todo eso sucede, el gobernador disfruta de las delicias de la World’s Fair sin que se preocupe un solo instante de lo que acontece en su Estado, que cree ser el mejor de los mundos, y á quien no sobrecogen ni espantan las noticias que lee en los periódicos, ni cuida nadie de advertirle que ha de regresar á su país y poner coto á tanto escándalo y desmán, porque confía en que las cosas se arreglarán por sí mismas, cuando estén allí cansados de andar á tiros y sablazos, que todo tiene fin en el mundo, hasta la maldad de las gentes.
Y para consuelo de los que se asustan de lo que ocurre en España, en donde nos figuramos que nuestro pueblo es lo peor del mundo, y tener una idea, nosotros, los desgobernados, de lo que son estas autoridades, vean mis benévolos lectores con que calma y sangre fría se explica el gobernador del Estado de Virginia, acerca del motín de Roanoke, M. Kinney, según relación del periódico más acreditado de esta ciudad el The Daily Inter Ocean.
Un reporter supo que dicha autoridad se hallaba en el edificio de Virginia de esta Exposición, y allí se dirigió en busca de Mr. Mac-Kinney, para saber lo que pensaba de los sucesos de Roanoke.
Dice el reporter: «El gobernador es un anciano de agradable aspecto, de bigote y cabello cano. Le hallé en mangas de camisa, con los pies descalzos, apoyados sobre un pupitre y á la altura de su cabeza, llevando unos calcetines de lana irreprochables, y ofreciendo el aspecto de una persona que goza de la vida.
Cuando le pregunté acerca de la revuelta de Roanoke, contestóme complacido que no tenía más noticias que las publicadas en los diarios, inclinándose á creer que eran exageradas.
«Porque, dijo, los diarios suponen que el alcalde Trout está herido en un pie, que las tropas hicieron 25 disparos y mataron ó hirieron á 29 personas, lo que no deja de ser una buena puntería; y que no había preguntado á nadie lo ocurrido, ni nadie se había preocupado del asunto.»
De todo ello infería que el alcalde, que es un buen ciudadano, habría obrado con la energía necesaria, consintiendo, y esto lo añado yo, que lincharan, ahorcaran, arrastraran á un negro, y lo quemaran é incineraran en una vía pública de Roanoke.
Si todo esto no parece á mis lectores civilizador, patriarcal y digno de envidia, será porque son difíciles de contentar.