Además, hay aquí tanta ignorancia en lo que al desarrollo intelectual é industrial de Europa se refiere, que llegaron á ofrecer á Francia, que ha hecho aquí un grande esfuerzo y que consideran como á su hermana en el viejo mundo, cuatro jueces peritos, dos para Bellas Artes, uno para vinos y uno para sederías; de modo que, en lo demás, Francia no cuenta, ó vale tan poco, que no se la considera digna siquiera de ser oída.

No sé aun lo que tocaría en suerte á España, cuando uno de los hombres más reputados por su saber en los Estados Unidos, preguntaba por qué queríamos terreno en Artes Liberales, no sabiendo, como no sabía, lo que podríamos presentar en tan interesante sección.

Por lo que respecta al premio único, si piden privilegio de invención, les auguro poco negocio en Europa. No sé hasta donde pueda llegar la manía igualitaria; dudo, sin embargo, que nadie admita ahí que puedan igualarse dos inteligencias, ni siquiera dos productos de inteligencias distintas. Pensar que dos fabricantes de objetos similares consientan, cuando no salta á la vista la perfección, la posibilidad de alcanzar el mismo premio, aun siendo único, y que por este solo hecho no tiene valor alguno, es tener muy poco conocimiento de las pasiones y los intereses de los hombres.

Siendo, pues, todo esto tan incompatible con el modo de pensar de las naciones que concurren á este Certamen, creo que esos criterios van á modificarse, aun que sea difícil lo segundo, por ser ley votada en las Cámaras, y que, convencida la Dirección de que el fin principal de toda Exposición quedaría contrariado desde el momento en que las naciones extranjeras desisten de entrar en lucha pacífica con las de este país, volverá sobre su acuerdo, como lo ha hecho ya en puntos de mucha menor importancia, y en que, más que cuestión de intereses se trataba de asuntos de amor propio nacional.

Los comisarios extranjeros entramos ya en la Exposición sin haber puesto el retrato en las entradas de admisión, y se nos obliga únicamente á entregar en la puerta una tarjeta de visita, pro formula, y para los efectos de la estadística.

Otro punto interesante y que causa á todo el mundo muchos sinsabores, es el de los robos en los recintos de la Exposición. La queja es tan general y tan sentida que los Delegados y Comisarios protestan cada día, sin que se vea el medio de que la Dirección general atienda eficazmente tan justas reclamaciones. La sección puesta á mi cargo ha sufrido, como todas, los efectos de la desorganización observada en todas partes y en todos los servicios, pero hasta ahora se ha reducido sólo á raterías de escasa importancia que han motivado, sin embargo, enérgicas reclamaciones y, por mi parte, la propuesta al Sr. Delegado general de una guardería bien montada que recorra y ampare constantemente los productos españoles expuestos en Manufacturas, propuesta que ha aceptado el Sr. Dupuy de Lome con el entusiasmo que tiene por cuanto se refiere al lucimiento de la producción española en este Certamen.

La breve interrupción de unas cuantas horas en continuar esta correspondencia, me permite dar cuenta de un nuevo conflicto; los que quieren vender en el recinto de la Exposición han de pagar el 45 por 100 del valor de los productos á la aduana, y el 25 por 100 á la Comisión del certamen. Un suizo, relojero, cayó en la red tendida por una señora, que resultó ser una detective ó agente de policía, para que le vendiera un reloj de poco precio, y á las pocas horas se le puso en la cárcel, imponiéndole dos mil dollars de multa.

No he de ser yo el que abone la conducta incorrecta del suizo; no he de juzgar tampoco, porque ya lo harán mis lectores, el proceder de una administración pública que emplea determinados procedimientos para averiguar el delito tentando al delincuente, lo que sí haré constar es que salimos á conflicto por día, que la Delegación suiza mandó cerrar todas las instalaciones de su país y que se produjo una marejada hondísima, que ha reclamado los buenos oficios del Ministro de la Confederación helvética en Washington, y una serie de concesiones y componendas que no han logrado calmar la efervescencia producida por la mentada causa, en los expositores extranjeros.