Llevó Comín los conejos en dos sacos y los soltó en la montaña, y los animalitos, apenas se vieron libres, huyeron en todas direcciones. Comín pensaba:[{126}]
—Ahora sí que es cierto que el Rey nos hace sacar el orujo a mí y a mis compañeros, porque ¿cómo voy a juntar estos conejos de miéchica cuando llegue la hora de volverme con ellos, sueltos, como si fuesen un rebaño de corderos? Seguramente llegaré sin ninguno.
Comín se quedó triste y pensativo por un momento y se recostó en el musgo, sobre el costado izquierdo; después de un rato, sintiéndose cansado, se dió vuelta al otro lado y sintió que algo duro le molestaba; creyó que sería una piedra y se incorporó para quitarla, pero no halló nada en el suelo; entonces se registró para ver qué podía ser lo que le incomodaba y encontró en un bolsillo de sus pantalones el pito que le había dado el viejito, y se dijo, acordándose de un verso que había oído cantar antes de salir de su tierra:
—Quién canta su mal espanta,
quién llora, su mal aumenta;
no estoy yo para dejarme morir; pasemos este mal rato tocando el pito y esto algo disipará mis penas;—y se llevó el pito a la boca y no hizo mas que hacerlo sonar y principian a llegar de carrerita todos los conejos, unos de un lado, otros de otro y se pusieron a bailar delante de él al compás de lo que tocaba. Imagínense cuánto sería el gusto del atribulado Comín, porque, por más que él tratara de engañarse, el susto se lo comía vivo; tanta fué la alegría de que se vió inundado todo su ser que no pudo contenerse y se puso a bailar con los conejos, hasta que se sintió fatigado. Díjoles entonces a los conejitos:
—Váyanse a corretear y a comer no más, mientras yo duermo una siestecita, que cuando sea tiempo los llamaré.
Y con esto los animalitos se fueron y perdieron de vista en un abrir y cerrar de ojos.
Mientras Comín dormía, el Rey le dijo a la Bruja:
—Comadre, no sé por qué me tinca que este diablo de Comín va a volver con los cincuenta conejos, ¿por qué no[{127}] va a ver si los ha soltado y le compra uno, aunque le pida lo que le pida?
—Voy, compadre, y haré lo posible por quitarle uno siquiera.