La explicación no era aceptable, y de ello dedujeron las hermanas que era cierto lo que pensaban. Y lo era, en efecto.[{242}]

21. LA RANA VENGATIVA
(Contado por el mismo joven Morales, en 1909.)

Una muchacha del pueblo encuentra en su camino una rana y tomando unas ortigas le pega fuertemente con ellas en el vientre. La rana quedó sin movimiento, patas arriba y muy hinchada.

En la noche, al abrir la muchacha la cama para acostarse, una enorme rana sale de debajo de la almohada y sentándose en las patas traseras se queda mirando a la muchacha con una mirada tan fija y tan fuerte que le heló la sangre y cayó muerta.

La rana era una bruja.

22. LA CUEVA DE LAS CARDILLAS
(Me lo refirió el niño D. Oscar Salinas, de 12 años, en 1912. Lo oyó contar en Melipilla.)

En un cerro situado cerca de las Cardillas, en el departamento de Melipilla, hay una cueva que, según dicen, está habitada por brujas.

Una vez un joven se propuso visitar la cueva, y en efecto, fué a ella y entró alumbrándose con una linterna. Al poco rato de andar, se encontró con una sala muy hermosa, lujosamente amueblada, y sentadas en riquísimas sillas, unas cinco niñas de 18 a 20 años, muy bonitas y ataviadas de costosos trajes y valiosísimas alhajas. Lo invitaron a comer y él aceptó. Los servicios eran de plata y los cubiertos de oro, y los manjares tan sabrosos que él, mozo rico y muy aficionado a la buena mesa, jamás los había comido tan exquisitos. En un descuido de las jóvenes, se echó al bolsillo un cubierto completo y una tortita de dulce. Cuando terminó la comida, le exigieron que se quedara a dormir y él, que se había enamorado de una[{243}] de las niñas, no se hizo de rogar y se quedó con ella. Al otro día, cuando despertó, se encontró abrazado a un esqueleto, y en los bolsillos, en lugar del cubierto, con tres huesos: en vez de la torta, halló una bosta de buey. La linterna había desaparecido y le costó mucho trabajo y más de una hora para salir.

23. EL HOMBRE QUE QUISO VOLAR.
(Referido en 1911, por D. Francisco 2.º Vásquez, que lo oyó contar en Santiago.)

Vivía en el campo una señora con sus dos hijas, y una vez llegó un hombre que trabajaba en una chacra vecina a pedir alojamiento y se lo dieron.