—Bien: ahora, amigo, dígame las once.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las once te diré: Once ¿qué son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían[{273}] en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro, ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y vivió siempre pura.
—Bien, amigo; ahora dígame las doce.
—Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las doce te diré: Doce ¿qué son doce? los doce apóstoles. Once ¿qué son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? La Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
Quien dijo doce no pase a trece hasta que reviente ése, que por sus malos hechos bien lo merece.
Terminando de decir estas palabras el anciano, se sintió un fuerte ruído, como si hubiera estallado un barril de pólvora, la pieza se llenó de humo y un fuerte olor a azufre hacía estornudar violentamente a los tres que se hallaban en ella.
Cuando el humo se disipó, vieron delante de sí al viejecito vestido de una larga túnica, con dos grandes llaves en la mano derecha y rodeada la cabeza de una[{274}] aureola de luz. Era el mismo que representaba la imagen que adornaba la cabecera de la cama de Rosita.
Pancho y Rosita, poseídos de un santo temor, se arrodillaron ante el anciano, y cuando un momento después alzaron la cabeza, había desaparecido.
Este es el origen de las doce palabras redobladas, que el pueblo, sin razón, suele llamar Oración de San Cipriano, y a la cual atribuye virtudes portentosas contra el Diablo, los brujos y toda clase de peligros.[{275}]