No soy el primero. Colorín también se lo ha pronosticado, y en su pico está toda la ciencia de lo venidero. ¡A la suerte del pajarito, señoras y señores! ¡A la suerte del pajarito, que les descorrerá el velo del porvenir! ¡Señoras y señores, a la suerte del pajarito!
JORNADA SEGUNDA: ESCENA IV
La quintana de San Clemente, a la caída de la tarde, en la hora de las Cruces. Está llena de pájaros y de sombras casi moradas. Pedro Gailo, el sacristán, pasea por el pórtico, batiendo las llaves. Con las barbas grises sin afeitar y las mejillas cavadas, el sacristán tiene algo que recuerda la llama amarilla de los cirios. Salen de la iglesia las últimas mujerucas, y reza sobre la tierra fresca de una sepultura, Marica del Reino.
PEDRO GAILO
¡Adiós, Marica! Al salir cierra la cancela.
MARICA DEL REINO
No te vayas sin hablar conmigo. Déjame rematar este Gloria.
El sacristán se sienta en el muro del atrio sonando las llaves. Marica del Reino se santigua. El hermano la ve venir sin moverse.
MARICA DEL REINO
¿Qué era lo tratado?