Coimbra, moviendo la cola y ladrando, vuelve a saltar en dos patas, y con leve y alterno temblor en los brazuelos, se avizora mirando al farandul. Los cascabeles de las orejas tienen un largo y sutil temblor. El farandul sonríe siempre guiñando un ojo, y de pronto la perra se decide a levantar el brazuelo derecho.

LUCERO

¿No estarás equivocada, Coimbra? Saluda, Coimbra, y pide perdón a este amigo de haberle calumniado.

PEDRO GAILO

¡Mala ralea! Burlas de un réprobo no afrentan.

LUCERO

Amigo, hay que tomarlo como juego. ¡Al avío, Poca Pena!

PEDRO GAILO

Mucho vas a reír en los infiernos.

Poca Pena tercia el pañolón, recogiendo al niño en sus pliegues, y el farandul se carga a la espalda la jaula del Pájaro Sabio. Caminan.