LUDOVINA

Tendrá respuesta. ¡Mari-Gaila, pónteme fuera! ¡No quiero más sobre mis bienes el aire del muerto!

MARI-GAILA

¡Nuestro Señor Misericordioso, te llevas mis provechos y mis males me dejas! ¡Ya se voló de este mundo quien me llenaba la alforja! ¡Jesús Nazareno, me quitas el amparo de andar por los caminos, y no me das otro sustento! ¡No harás para mí tus milagros, no me llenarás el horno de panes, Jesús Nazareno!

JORNADA SEGUNDA: ESCENA VIII

Noche de luceros. Mari-Gaila rueda el dornajo por un camino blanco y lleno de rumor de maizales. Canta el cuco. Cuando fina, suena la risa tremolante del Trasgo Cabrío. Está sentado sobre un peñasco y con la barba greñuda, estremecida por una ráfaga de viento. Mari-Gaila lo conjura.

MARI-GAILA

¡A la una, la luz de la luna!

¡A las dos, la luz del sol!

¡A las tres, las tablillas de Mosén!