No seas rebelde, Simoniña.
SIMONIÑA
Venga usted conmigo, mi padrecito.
PEDRO GAILO
Yo te hablaré desde la puerta, Simoniña.
MARI-GAILA
No te dilates con retóricas, aborrecida.
Simoniña se ata el refajo con manos temblorosas, échase el mantelo por la cabeza a guisa de capuz, y sale al camino haciéndose cruces y gimoteando. Por el claro de luna tira del negro carretón, donde la enorme cabeza del idiota, lívida y greñuda, hace su mueca. Las manos infantiles, enclavijadas sobre la cobija, tienen un destello cirial. Pedro Gailo, arrodillado en la puerta, con los brazos abiertos, envía la escolta de sus palabras.
PEDRO GAILO
¡Sé bien mandada!... ¡Llegas en una carrera!... ¿Óyesme?... ¡No lleves temor!... ¡Tienes luna!... ¿Óyesme?...