MARI-GAILA

¡Alumbrado!

El sacristán échase fuera, negro y zancudo, mas queda espantado sobre el umbral, con los pelos de pie, los brazos en aspa. Marica del Reino, cubierta con el manteo, venía rostro a la casa, tirando del carretón.

PEDRO GAILO

¡El fin de los tiempos, mi hermana Marica!

MARICA DEL REINO

Lo recibido vuelvo.

MARI-GAILA

Ese cuerpo frío a mi puerta no lo dejas.

Marica del Reino, antes de contestar, vuelve la cabeza: Una sombra y una mirada hostil, adivina a su espalda. Simoniña, que tornaba de la fuente, estaba erguida en medio del camino, las manos firmes en las caderas. En aquella hora tenía un recuerdo de su madre la Mari-Gaila.