El farandul se levanta, liando el cigarro con aquella su navaja de cachas doradas, y apenas anda dos pasos se sienta sobre la arqueta del lañador. Miguelín, con una sonrisa sesga y muy pálido, esconde el bolso entre la faja. Después, bizcando para mirar el tufo que le cae sobre la frente, estalla la lengua.

EL COMPADRE MIAU

¡Maricuela! Si por buenas no arrías el bolso, te mando al corazón la navaja.

MIGUELÍN

¿Qué fue de aquella mujer que iba en su compañía, Compadre?

EL COMPADRE MIAU

Para su tierra caminando.

MIGUELÍN

¿Muy largo camino?

EL COMPADRE MIAU