Después del planto, queda recogida sobre las rodillas, gimiendo monótonamente. Las mujerucas se sientan en torno, refiriendo azares de los caminos, casos de muertes repentinas, cuentos de almas en pena. Y cuando decae el interés de aquellas historias, renueva su planto Marica del Reino. Atravesando la robleda, llega el matrimonio de los Gailos. La mujer echada sobre los hombros la mantilla, y el marido con capa larga y bastón señoril de dorada contera y muleta de hueso. La hermana, viéndolos llegar, se alza en las rodillas y abre los brazos con dramática expresión.

MARICA DEL REINO

¡Tarde vos dieron el aviso! Yo llevo aquí el más del día, casi que estoy tullida de la friura de la tierra.

PEDRO GAILO

El hombre que tiene cargo no dispone de sí, Marica. ¿Y cómo fue que aconteció esta incumbencia?

MARICA DEL REINO

¡Ordenado estaría en la divina proposición!

PEDRO GAILO

¡Cabal! ¿Pero cómo fue que ello aconteció?

MARICA DEL REINO