MARI-GAILA

Abandoné mi casa, donde era reina.

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN

Muy mal le irá a usted, señora, pero tiene usted unas carnes que no tenía.

LA TATULA

¡Y colores!

MARI-GAILA

Toda la vida tuve las colores de una rosa, así me achacaron lo de la bebida. ¡Cuando era la buena conducta!

Ríen los mendigos, negros y holgones, tumbados a la sombra de los árboles. Por la carretera, una niña con hábito nazareno, conduce un cordero encintado, sonriendo extática entre la pareja de sus padres, dos aldeanos viejos. Mozas vestidas de fiesta pasan cantando, entre tropas de chalanes y pálidos devotos que van ofrecidos...

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN