DOÑA MALVINA
Dios Nuestro Señor que dispone todas las cosas. Ya conoce aquella súbita resolución que tomó la señorita al leer la carta de las niñas. Llegamos á Viana caladas de agua y muertas de miedo. Yo durante el camino no hice otra cosa que rezar... Las olas montaban por encima de la barca. ¡Y qué serenidad la señorita! Solamente la vi temblar cuando llegamos á la puerta de su casa. Estaba pálida como una muerta. Pensé que iba á caerse. Sin pronunciar una sola palabra subió las escaleras y abrazó á las niñas, que salieron á recibirla. Crea que me daba miedo verla tan pálida, con los ojos secos. Tomó á las niñas de la mano y siguió con ellas...
EL ABAD
¡El trance habrá sido al entrar en la alcoba donde estaba el marido enfermo!
DOÑA MALVINA
Llegó, le besó las manos de rodillas, y entonces por primera vez lloró... Las niñas también lloraban, como si las inocentes comprendiesen.
EL ABAD
¿Y el marido?