EL ABAD
Es edificante... Pero temo...
E alejan juntos, por los senderos del abandonado jardín, y se pierden entre el follaje dorado y otoñal de los castaños. Los mirlos cantan en las ramas y sus cantos se responden encadenándose en un ritmo remoto, como el murmullo de las fuentes que en la sombra de los viejos mirtos repiten el comentario voluptuoso que parecen hacer á todos los pensamientos de amor, sus voces eternas y juveniles. El sol poniente deja un reflejo dorado sobre los cristales de la torre, cubierta de negros vencejos, y en el silencio de la tarde aquel jardín lleno de verdor umbrío y de reposo señorial, junta la voz de sus fuentes con la voz de las niñas que rodean el banco donde hace calceta la dueña de los espejuelos doctorales.
MARIA FERNANDA
Pues si no sabes el cuento de las tres princesas encantadas, cuéntanos el de los siete enanos, que ése lo sabes.
MARIA ISABEL
Y sino, cuéntanos el del gigante moro.
DOÑA MALVINA
¡Dios me dé paciencia con vosotras! Os contaré la historia de una dama encantada que se aparece al borde de una fuente que hay cerca de aquí.