¿Que lo sabe?
LA DAMA
¡Ojalá pudiera equivocarme!
LA MADRE CRUCES
No es cosa para que suspire. Son nuevas de un caballero muy galán.
IENDO llegar á la Señora la hueste de mendigos, que derramada por la escalinata espera la limosna, se incorpora y junta con un murmullo de bendiciones. En el sendero la dama se detiene para oir á la vieja conqueridora, y torna á suspirar. Sus ojos tienen esa dulzura sentimental que dejan los recuerdos cuando son removidos, una vaga nostalgia de lágrimas y sonrisas, algo como el aroma de esas flores marchitas que guardan los enamorados.
LA QUEMADA
Aquí está la señora.