¿Qué importan tus cabellos blancos? Yo los buscaría para quererlos más. ¡Xavier, adiós para toda la vida!

EL MARQUES DE BRADOMIN

¡Quién sabe lo que guarda la vida! ¡Adiós, Concha!

L Marqués de Bradomín se aleja, y la dama tiende hacia él los ojos mudos y desesperados. En el silencio de aquel jardín de mirtos lleno de gracia gentilicia, y de la tarde azul llena de gracia mística, los tritones de las fuentes borbotean su risa quimérica, y las aguas de plata corren con juvenil murmullo por las barbas limosas de los viejos monstruos marinos, que se inclinan para besar á las sirenas presas en sus brazos. La dama, desfallecida, se sienta en el banco que tiene florido espaldar de rosales, y ante sus ojos se abre la puerta del laberinto coronada por las dos quimeras, y el sendero umbrío, un solo sendero, ondula entre los mirtos como el camino misterioso de una vida.

LA DAMA

¡Qué hice yo, Dios mío!.. ¡Y si á pesar de todo volviese!

ASÍ TERMINA LA JORNADA TERCERA