N la escalinata, donde verdean yerbajos desmedrados que las palomas picotean, asoma una vieja ama de llaves vestida con hábito del Carmelo. Se llama Doña Malvina. Aventa un puñado de maíz, y las palomas acuden á ella. Doña Malvina ríe con gritos de damisela y llevando una paloma en cada hombro, baja al jardín, alzada muy pulcramente la falda para caminar por los senderos, y llega adonde está la Señora.
DOÑA MALVINA
¡Que la humedad de esos árboles no puede serle buena!
LA DAMA
¡Dentro de un momento acaso llegue aquel á quien espero hace tanto tiempo!..
DOÑA MALVINA
¡El señor Marqués!
LA DAMA
Tú nunca dudaste que viniese.