LA DAMA

Quería esperarle aquí. Me mata la impaciencia.

DOÑA MALVINA

¡Tiene las manos heladas!

A dama calla y parece soñar. En medio de aquel silencio leve y romántico, resuena en el jardín festivo ladrar de perros y música de cascabeles, al mismo tiempo que una voz grave y eclesiástica se eleva desde el fondo de mirtos como un canto gregoriano. Es la voz del Abad de Brandeso. El tonsurado solía recaer por el palacio, terminada la misa, para tomar chocolate con la Señora. Sus dos galgos le precedían siempre.

EL ABAD

Excelentísima señora doña María de la Concepción Montenegro y Bendaña, Gayoso y Ponte de Andrade.

LA DAMA

¡Señor Abad, qué olvidado tiene usted el camino de esta casa!