ELECTUS

Considera que bajo este peso me doblo. Deja tú que llegue adonde pueda reposarme.

L ciego sacude las alforjas escuetas, y algún mendigo, escondida la mano entre los harapos, se rasca y ríe. El ciego pone una atención sagaz, procurando reconocer las voces y las risas. Tanteando con el bordón, busca sitio en el corro. Es un viejo jocundo y ladino, que arrastra luenga capa, y cubre su cabeza con parda y puntiaguda montera.

LA QUEMADA

Aquí estamos esperándote con un dosel.

ELECTUS

Pues agora voy á sentarme debajo.

MINGUIÑA