EL MINISTRO

¡Adiós! ¡Adiós! Créeme que no olvidaré este momento.

MAX

¡Adiós, Paco! ¡Gracias en nombre de dos pobres mujeres!

Su Excelencia toca un timbre. El ujier acude soñoliento. Máximo Estrella tanteando con el palo, va derecho hacia el fondo de la estancia, donde hay un balcón.

EL MINISTRO

Fernández, acompañe usted a ese caballero, y déjele en un coche.

MAX

Seguramente que me espera en la puerta mi perro.

EL UJIER