¿Quiere usted no armar escándalo, caballero? Madama Collet, ¿dónde tiene usted un espejo?

BASILIO SOULINAKE

¡Es una prueba anticientífica!

EL COCHERO

Póngale usted un mixto encendido en el dedo pulgar de la mano. Si se consume hasta el final, está tan fiambre como mi abuelo. ¡Y perdonen ustedes si he faltado!

El cochero fúnebre arrima la fusta a la pared, y rasca una cerilla. Acucándose ante el ataúd, desenlaza las manos del muerto, y una vuelve por la palma amarillenta: En la yema del pulgar le pone la cerilla luciente, que sigue ardiendo y agonizando. Claudinita con un grito estridente tuerce los ojos, y comienza a batir la cabeza contra el suelo.

CLAUDINITA

¡Mi padre! ¡Mi padre! ¡Mi padre querido!

ESCENA DECIMOCUARTA

UN PATIO EN EL CEMENTERIO DEL ESTE. La tarde fría. El viento adusto. La luz de la tarde sobre los muros de lápidas, tiene una aridez agresiva. Dos sepultureros apisonan la tierra de una fosa. Un momento suspenden la tarea: Sacan lumbre del yesquero, y las colillas de tras la oreja. Fuman sentados al pie del hoyo.