¡Horrible!
EL MARQUÉS
Pues entonces sigamos a estos dos.
RUBÉN
Marqués, ¿quiere usted que mañana volvamos para poner una cruz sobre la sepultura de nuestro amigo?
EL MARQUÉS
¡Mañana! Mañana, habremos los dos olvidado ese cristiano propósito.
RUBÉN
¡Acaso!
En silencio y retardándose, siguen por el camino de los sepultureros que, al revolver los ángulos de las calles de tumbas, se detienen a esperarlos.