Enriqueta la Pisa Bien, una mozuela golfa, revenida de un ojo, periodista y florista, levantaba el cortinilla de verde sarga, sobre su endrina cabeza, adornada de peines gitanos.

LA PISA BIEN

¡La vara de nardos! ¡La vara de nardos! Don Max, traigo para usted un memorial de mi mamá: Está enferma y necesita la luz del décimo que le ha fiado.

MAX

Le devuelves el décimo y le dices que se vaya al infierno.

LA PISA BIEN

De su parte, caballero. ¿Manda usted algo más?

El ciego saca una vieja cartera, y tanteando los papeles con aire vago, extrae el décimo de la lotería y lo arroja sobre la mesa: Queda abierto entre los vasos de vino, mostrando el número bajo el parpadeo azul del acetileno. La Pisa Bien se apresura a echarle la zarpa.

DON LATINO

¡Ese número sale premiado!