SABELITA
iAh, si!
LA ROJA
?Por que no obedece esa voz.
SABELITA
iTemo el pecado!…
Sabelita se santigua, y la rosa marchita de su boca se estremece con el murmullo de mi rezo. Sus ojos se clavan en el altar, y las dos velas que lloran sin consuelo sobre las arandelas de cristal, al alma llena de supersticiones milenarias le fingen dos mujeres desmidas que se consumen en llamas, no sabe si las del pecado, si las del infierno. Un viejo de guedejas blancas cruza la iglesia agitando alunas llaves en manojo.
LA ROJA
Vamonos, cordera, que ya San Pedro anda tocando los fierros.