EL CAPELLAN

iTu eres el peor de todos!… Ya tendreis el castigo, si no en esta vida, en la otra… Os dejo, os dejo entregados a este latrocinio impio… ?Ois esa campana: Llama por mi y llama tambien por vosotros… Voy a decir la primera misa por el descanso de nuestra madre, mi protectora, mi madre. Vosotros, Caines, bien haceis en no oirla. iSeria un escarnio! Sois como los perros, que no pueden entrar en la casa de Dios.

El capellan sale, y el doble de la campana que resuena en la sala desmantelada, detiene por un momento aquel expolio a que se entregan desde el comienzo de la noche los cinco bigardos.

JORNADA PRIMERA

ESCENA QUINTA

La alcoba donde murio Dona Maria. Es el amanecer, uno de esos amaneceres adustos e invernales en que aulla el viento como un lobo y se arremolina la llovizna. En la alcoba, la luz del dia naciente batalla con la luz de los cirios que arden a la cabecera de la muerta, y pasa por las paredes de la estancia como la sombra de un pajaro. La lluvia azota los cristales de la ventana y se ahila en un lloro terco y frio, de una tristeza monotona, que parece exprimir toda la tristeza del invierno y de la vida. La ventana se abre sobre el mar, un vasto mar verdoso y temeroso. Es aquella una de esas angostas ventanas de montante, labradas como confesionarios en lo hondo de un muro, y flanqueadas por poyos de piedra donde duerme el gato y suele la abuela hilar su copo. Dos mujeres velan el cadaver: La una, alta y seca, con los cabellos en mechones blancos y los ojos en llamas negras, es sobrina de la muerta y se llama Dona Moncha. La otra, menuda, compungida y melosa, con gracia especial para cortar mortajas, es blanca, con una blancura rancia de viejo marfil, que destaca con cierta expresion devota sobre un habito nazareno: Se llama Benita la Costurera.

BENITA LA COSTURERA

?Quiere que amortajemos a la senora?

DONA MONCHA

?Terminaste el habito?