EL CABALLERO
Yo veo de noche como los lobos, y con tal que la avenida no se haya llevado ninguna puente….
Salta a tierra el Caballero. En las rafagas del viento llega la voz de la campana, informe y deshecha por la distancia. Don Juan Manuel procura orientarse, y guiado por aquel son, se aleja hacia los pinares donde se queja el viento con un largo ulular.
EL CABALLERO
Dios me ordena que me arrepienta de mis pecados… iToda una vida! iToda una vida!… iQue lejos suena la campana, apenas se la distingue! He sido siempre un hereje. iEl mejor amigo del Demonio!… Me habre equivocado y no sera la campana de Andras. A estas horas habra muerto aquella santa…. En el cielo la pobre abogara por mi … iPor mi, que fui su verdugo! … Sin embargo, la queria y si vuelvo los ojos al pasado no encuentro en mi vida otro pecado que haber hecho una martir de mi pobre mujer … Debi haberla ocultado que tenia otras mujeres. Pero yo no se enganar, yo no se mentir…. iCuantos pecados! iMi alma esta negra de ellos!…. La religion es seca como una vieja … iComo las canillas de una vieja! … Tiene cara de beata y cuerpo de galga … Como el hombre necesita muchas mujeres y le dan una sola, tiene que buscarlas fuera. Si a mi me hubieran dado diez mujeres, habria sido como un patriarca … Las habria querido a todas, y a los hijos de ellas y a los hijos de mis hijos…. Sin eso, mi vida aparece como un gran pecado. Tengo hijos en todas estas aldeas, a quienes no he podido dar mi nombre … iYo mismo no puedo contarlos!…. Y los otros bandidos, temerosos de verse sin herencia por mi amor a los bastardos, han tratado de robarme, de matarme … Pero yo tengo siete vidas. iTodo lo pago con sus lagrimas aquella santa!… ?Donde estare? iYa no se oye la campana!…
El fragor del viento entre los pinos apaga todos los demas ruidos de las noche: Es una marejada sorda y fiera, un son ronco y oscuro, de cuyo seno parecen salir los relampagos. Don Juan Manuel, de tiempo en tiempo, se detiene desorientado e intenta aprovechar aquel resplandor, que inesperado y convulso se abre en la negrura de la noche, para descubrir el camino. De pronto ve surgir unas canteras que semejan las ruinas de un castillo: El eco de los truenos rueda encantado entre ellas. Al acercarse oye ladrar un perro, y otro relampago le descubre una hueste de mendigos que han buscado cobijo en tal paraje. Tienen la vaguedad de un sueno aquellas figuras entrevistas a la luz del relampago: Patriarcas haraposos, mujeres escualidas, mozos lisiados hablan en las tinieblas, y sus voces, contrahechas por el viento, son de una oscuridad embrujada y grotesca, saliendo de aquel roquedo que finge ruinas de quimera, donde hubiese por carcelero un alado dragon.
UNA VOZ
?A quien ladras, Carmelo?
OTRA VOZ
Alguien ronda.