Mientras habla el primogenito, el tonsurado vuelve a subir las gradas del presbiterio y apaga la lampara, que por fundacion debe arder noche y dia. Helado y sobrecogido, oye en la oscuridad la voz de su hermano que le habla con el cuerpo fuera de la tribuna y los ojos lucientes de fiebre, como un poseido.
DON PEDRITO
No pises sobre la sepultura de mi madre… iLadron!
DON FARRUQUINO
?Que estas diciendo?
DON PEDRITO
No pises sobre la sepultura. Esta enterrada delante del altar. No pises sobre ella… iPuede levantarse!….
DON FARRUQUINO
iTu estas borracho, ladron!
El primogenito recoge el cuerpo, doblado sobre el barandal de la tribuna, y sonrie desvanecido, pasandose una mano por los ojos.